Friday, April 28, 2006

Quieres jugar?

Tengo la sensación de que me estoy agarrando a un clavo ardiendo sin sentir dolor, de no querer mirar abajo porque no existe ese "abajo", de tener la necesidad imperativa de pensar que se puede hacer algo. Y creo que me lo estoy empezando a creer.

El dolor de cabeza que tengo dsd hace varios días (y el miedo post-peli-de-miedo/thriller-psicológico-cn-sangre) me impide decir cosas coherentes (o eso,,, yo nunca digo cosas coherentes). Tengo varios como el q sigue, xo más cortitos. En realidad sólo es xa rellenar. Me acojo a mi inconclusa (aún) teoría sobre los recipientes.

Juguemos a ser Dios

Vale, ahora estás en un café de cualquier ciudad, fuera está lloviznando. Da igual el mes, da igual el año. Sólo importa lo que se quiere decir, no el cómo.

- Hola. ¿Puedo sentarme?
- Ni la silla ni la mesa son mías, eres libre de hacer lo que quieras, mientras no me tires el café encima.
- Vaya, perdona, he debido de hacer la pregunta equivocada. ¿Te importa que me siente?
- Adelante, creo que ya se me ha ido toda la inspiración que podía esperar esta tarde.
- Gracias (toma asiento ignorando ese último comentario, apoya los codos en la mesa y una mano sobre otra, posando su cabeza en el dorso de una de ellas). Te he visto observando a la gente de la calle y del bar, intercalando infusiones y hierba entre página y página de tu libreta. ¿Qué escribes?
- Historias.
- ¿Es una forma de darme largas, o es que inventas historias sobre gente que no conoces?
- Exactamente.
- Tanta parquedad no, por favor. A ver, ¿lo primero o lo segundo?
- Anoto ideas para un libro basándome en gente que no conozco, y vengo aquí porque creía que podía pasar desapercibida, y me siento en esta esquina porque es discreta, pero creo que me has descubierto.
- Debes sentirte muy grande jugando a ser Dios.
- Yo no creo en Dios.
- No tienes que creer en Dios para jugar a ser él. ¿Nunca has jugado a ser Superman? Por favor, dime que no creías que existiera…
- Yo no juego a ser Dios. Sólo escribo historias.
- Bien, te daré una. Esta mañana iba paseando por el centro, y me sentía feliz. Todo era maravilloso, hasta que ha dejado de serlo. Me he enfadado con el mundo, y por ende conmigo misma. De repente me he odiado, he odiado mi cuerpo, mi ropa y mi aburrida melena y he terminado rapándome al uno, con la cuchilla quedándose con ganas de más. Debía focalizar mi rabia repentina hacia algo, y por lo menos el cabello humano crece, a diferencia del de las Barbies (mira hacia el suelo, como si pudiese encontrar allí, pisoteada, su infancia). Pobre…permanecerá con su belleza perfectamente irreal mutilada para siempre,,, gracias al estilismo inexperto de una niña ilusa que creía que todo vuelve a crecer, como los dientes de leche(mira de nuevo a su pasmada interlocutora, con ojos vacíos). Ahora esa niña tiene tetas, y prefiere cortar otras cosas, a veces no tan inofensivas.
- ¿De qué coño me estás hablando?
- Nunca fui lo suficientemente valiente como para llamar a las cosas por su nombre.
- Se supone que la torturada era yo.
- Yo también tengo a Blake en la mesilla, pero no escribo en una libreta lo que voy recordando de la lectura de anoche aplicado a desconocidos sin cara ni nombre. Eres demasiado típica, esto no es Montmartre. Pero me gusta tu simplicidad bohemia. ¿Me dejas leer lo que has escrito?
- Prefiero que no. Quizás otro día.
- ¿Es una invitación para que nos volvamos a ver?
- Es una invitación para que te largues.
- Sé lo que estás pensando. Crees que mañana estaré aquí y te volveré a hablar, que quizá cuando llegues a tu piso bohemio decorado en Zara Home te masturbes pensando en mí y que podrás tenerme en tu cama si consigues parecerme interesante y enigmática un par de días más.
- Yo…
- No. Piensas que soy la típica que va haciendo esto por diferentes cafés, buscando así su ración de sexo, y que por fin te ha tocado tener tu ración de vida en vez de imaginarla.
- Perdona, tú no me conoces, no sabes quién soy ni dónde vivo. ¿A qué coño juegas? No tienes derecho a imaginar mi vida de ese modo, y encima venir aquí contándome historias.
- Es cierto, lo siento. Creo que volveré a mi mesa y lo escribiré todo (se levanta para irse y se gira repentinamente, tendiéndole un papelito). Por cierto, este es mi número de teléfono. Cuando quieras vivir, llámame.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home